"No quiero volver al cole": qué hacer cuando la vuelta al colegio genera rechazo

Pereza, miedo a no encajar, presión por los estudios o problemas con compañeros pueden explicar el rechazo a volver a clase
Escuchar qué ocurre y observar cómo evoluciona el malestar son las dos primeras claves para saber cómo actuar

"No quiero volver al cole". Cuando nuestros hijos pronuncian esta frase a las puertas de un nuevo curso, no siempre resulta fácil saber qué hay detrás. Puede ser simplemente que se acaban las vacaciones y toca recuperar madrugones y responsabilidades, pero también pueden aparecer preocupaciones por los estudios, miedo a no encajar, dificultades con compañeros o inquietud ante un profesor o una situación nueva.

La tentación de los padres puede ser quitar hierro al asunto o intentar convencerles enseguida de que no pasa nada. Sin embargo, escuchar antes de responder puede dar una información mucho más valiosa. "Lo primero es no entrar directamente a intentar convencerle ni quitar importancia a lo que está sintiendo. Es importante escuchar antes de buscar soluciones", explica Marta Domínguez, psicóloga clínica.

Escuchar es solo el primer paso. Después conviene intentar concretar de dónde viene el rechazo. Cristina Argüeso, psicóloga y subdirectora del Hospital de Día Retiro, propone ayudarles a separar aquello que saben de aquello que temen. Preguntas sencillas como "¿qué crees que puede pasar?" o "¿sabemos que va a ocurrir o es algo que temes que ocurra?" permiten aterrizar preocupaciones que, de otro modo, pueden crecer antes de que empiecen las clases.

"No se trata de conseguir que nuestros hijos no tengan miedo o nervios, sino de enseñarles que esas emociones son normales y que pueden afrontarlas", apunta Argüeso.

Ambas profesionales forman parte de Recurra Ginso y trabajan habitualmente con niños, adolescentes y sus familias. Este trabajo del día a día les permite ver cómo cambia la forma de acompañar estas situaciones según la edad.

Con los más pequeños suele ayudar anticipar los cambios, recuperar progresivamente los horarios o preparar juntos algunas rutinas del nuevo curso. En la adolescencia, en cambio, cobra más peso la autonomía. "Aunque necesiten supervisión y límites, también necesitan sentir que sus padres confían en ellos y que pueden participar en las decisiones que afectan a su vida cotidiana", señala Domínguez.

A esa edad también ganan peso el grupo de iguales, la imagen personal y la necesidad de encajar. La vuelta a clase puede reactivar comparaciones como "todos sacan mejores notas que yo" o "mis amigos son mejores que yo", que además pueden verse amplificadas por unas redes sociales que muestran una selección de momentos, no la vida completa de quienes aparecen en ellas. Argüeso recomienda no responder intentando demostrarles que son "mejores" que los demás, sino ayudarles a identificar qué valoran de sí mismos, qué hacen bien y qué les gustaría aprender o mejorar.

Cuándo conviene prestar más atención

Nervios, cansancio, irritabilidad o dificultad para madrugar pueden aparecer durante los primeros días sin indicar por sí solos que exista un problema. "La clave está más en la evolución que en la aparición puntual de estas señales", señala Domínguez.

Si con el paso de los días el menor recupera la rutina, vuelve a disfrutar de sus actividades y el malestar disminuye, puede formar parte del proceso de adaptación. Conviene prestar más atención cuando se mantiene o aumenta, interfiere en su vida cotidiana o aparecen problemas persistentes de sueño, ansiedad intensa, aislamiento, cambios importantes de ánimo, dolores físicos recurrentes sin causa médica aparente, rechazo continuado a acudir al colegio o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.

También habrá que averiguar si existe un motivo concreto detrás y no dar por hecho que todo forma parte del proceso de adaptación al nuevo curso. En estos casos, comprender qué está ocurriendo permite decidir si basta con acompañar y observar o si es necesario pedir ayuda en el centro escolar o consultar con un profesional.

En casa, mientras tanto, no hace falta convertir septiembre en una carrera por recuperar de golpe horarios, actividades y exigencias. Ajustar progresivamente las rutinas, especialmente el sueño, y reservar algún momento cotidiano para hablar puede facilitar la adaptación. Una cena, un paseo o un rato antes de dormir ofrecen a veces más información que preguntar cada tarde "¿qué tal el colegio?".

"Los primeros días no tienen que ser perfectos. Niños y adolescentes necesitan comprobar que pueden afrontar las dificultades y saber que, si algo va mal, tienen en casa un lugar donde contarlo", concluyen ambas psicólogas.

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