La escasez de radiólogos impide a muchos pacientes el acceso a tratamientos curativos menos invasivos y con menos riesgos

La medicina ha evolucionado en las últimas décadas a una velocidad vertiginosa, especialmente en el caso de especialidades como la radiología vascular e intervencionista, que hoy puede tratar tumores, infecciones graves, aneurismas o hemorragias sin cirugía abierta a través de técnicas mínimamente invasivas, más seguras y con recuperaciones más rápidas, cuya demanda se ha disparado en los últimos años. Sin embargo, en ese contexto, como denuncian desde la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI) aprovechando la celebración del Día Mundial de la Radiología, el número de especialistas capaces de hacer estas intervenciones no ha crecido al mismo ritmo.

"Faltan manos expertas. Y no solo faltan, sino que las que hay están sobrecargadas intentando cubrir las necesidades de hospitales cada vez más grandes y con patologías más complejas", afirma el doctor Andrés Madrid Vallenilla, radiólogo vascular e intervencionista del Hospital Universitario Infanta Sofía en Madrid. Según el miembro de la Comisión de Formación de la SERVEI, este problema (común al espacio europeo, aunque de mayor gravedad en España) solo puede ir a peor: "La media de edad de los profesionales en activo es elevada y si no se logra atraer y formar a nuevo talento, el futuro nos deparará un déficit mayor".

Para contrarrestar esas previsiones de futuro poco halagüeñas, el experto destaca la importancia del reconocimiento de la subespecialidad de RVI y de la creación de un plan formativo para la misma. "¿Cómo vamos a tener más especialistas en algo que oficialmente ‘no existe' con una clara vía de formación? Hoy en día, un joven médico no puede decir que quiere hacer la residencia de Radiología Intervencionista, porque esa opción no existe", denuncia.

En la actualidad, de hecho, como señala el doctor, tras los cuatro años de formación en Radiodiagnóstico ("la base imprescindible de nuestro conocimiento"), un futuro médico interesado en la RVI se tiene que formar de manera desestructurada y muchas veces en su tiempo libre. "Es como si a un cirujano le enseñáramos durante cuatro años a diagnosticar apendicitis con una precisión increíble, pero luego solo le dejáramos "aprender a operar" en su tiempo libre o buscando formaciones extra", compara el experto, que pone el ejemplo de Estados Unidos, donde existe una vía directa que permite a los estudiantes de medicina formarse como radiólogos y como radiólogos intervencionistas en un programa único que hoy es elegido por tres de cada cuatro candidatos a radiólogos intervencionistas en ese país.

"Desde la SERVEI reivindicamos la necesidad de un programa integral con formación clínica y radiológica sólida, engranado con las habilidades técnicas necesarias, que permita captar el talento que quizás hoy en día elige otras especialidades ante la incertidumbre que genera la ausencia de un camino definido en la RVI", reflexiona Madrid.

Para el doctor esa formación oficial garantizaría la excelencia y daría respuesta a las necesidades de los pacientes del siglo XXI. De hecho, según el experto, esta formación, que traería consigo una mayor disponibilidad de profesionales de la RVI tendría beneficios para el sistema, que hoy "es ineficiente y asume mayores costes" por el déficit de especialistas. "Puede sonar paradójico que menos profesionales suponga más coste, pero es así. Un procedimiento intervencionista suele requerir menos días de ingreso, menos días en cuidados intensivos y menos recursos que una cirugía abierta tradicional", argumenta el experto.

Los beneficios también serían para los pacientes, que hoy en día pierden en muchas ocasiones la oportunidad de acceder a un tratamiento mejor. "Un paciente con un tumor que podría tratarse con RVI de forma percutánea, por ejemplo, acaba perdiendo en la actualidad esta oportunidad curativa y solo puede ser tratado mediante una cirugía más compleja y con mayor riesgo de complicaciones o sólo recibe un tratamiento médico que le resta oportunidades de supervivencia. O pacientes con hemorragias graves tienen que someterse a cirugías mayores, con más riesgos, cuando su caso podría resolverse sellando la arteria desde su interior, a través de una incisión de sólo unos milímetros, que no necesita ni sutura. Eso es lo que más nos preocupa", concluye.

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