El uso creciente de entornos digitales por parte de menores ha vuelto a situar en primer plano los riesgos asociados a la interacción en línea. Entre ellos, el grooming, una forma de manipulación con fines sexuales hacia menores a través de internet, continúa siendo una de las expresiones más complejas y silenciosas de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes.
El grooming es un proceso de manipulación emocional en el que una persona adulta establece una relación de confianza con un menor con fines sexuales. No comienza con una propuesta explícita, sino con una conversación aparentemente inofensiva que cubre necesidades emocionales como la escucha, la validación o la comprensión.
"Muchas veces el menor no percibe que está siendo manipulado. El agresor se presenta como alguien que entiende y acompaña. La sexualización aparece después, cuando ya existe un vínculo de dependencia", explica Beatriz Urra, psicóloga sanitaria y forense y directora de la Clínica Ambulatoria Recurra Ginso.
Una realidad extendida
Los datos más recientes confirman la magnitud del problema. Según el informe Tras la pantalla (Save the Children, 2026), uno de cada tres jóvenes reconoce que, cuando era menor de edad, fue contactado por una persona adulta con fines sexuales a través de internet.
Asimismo, a partir de datos del Ministerio del Interior recogidos en el mismo informe, las denuncias por delitos sexuales digitales, entre ellos el grooming, contra menores han aumentado un 13 % en dos años, pasando de 954 casos en 2022 a 1078 en 2024.
Las chicas continúan siendo las principales víctimas, representando cerca del 70 % de los casos. Aun así, el riesgo no es exclusivo de ellas: cualquier menor puede verse expuesto cuando hay soledad, baja autoestima o ausencia de acompañamiento adulto.
Cómo actúan los agresores
El contacto suele iniciarse en redes sociales, aplicaciones de mensajería o plataformas de videojuegos en línea. El agresor construye una identidad creíble, se gana la confianza del menor e identifica vulnerabilidades. La conversación, al principio aparentemente inofensiva, va ganando intimidad hasta derivar en contenidos de carácter sexual.
El objetivo final es la obtención de imágenes íntimas que después se utilizan como herramienta de presión. La tecnología ha facilitado además nuevas formas de manipulación, como la suplantación de identidad o la alteración de imágenes.
Señales de alerta
Detectar a tiempo una situación de grooming puede evitar consecuencias graves. Cambios bruscos de conducta, aislamiento o secretismo en el uso del móvil son algunas señales de alarma.
"Las víctimas suelen sentir culpa y vergüenza. Por eso es fundamental que el entorno adulto no reaccione desde el castigo, sino desde la escucha y la protección: guardar evidencias o capturas, pedir ayuda profesional y denunciar si procede", señala Urra.
Consecuencias psicológicas
Las secuelas pueden ser profundas: ansiedad, depresión, pérdida de autoestima, sentimientos de culpa o dificultades para establecer relaciones de confianza. En los casos más graves pueden aparecer conductas autolesivas.
La intervención temprana y el acompañamiento especializado son clave para minimizar el impacto y activar las medidas de protección.
Claves para la prevención
La prevención no puede basarse únicamente en limitaciones técnicas.
"La verdadera protección pasa por la educación digital, el pensamiento crítico y la presencia activa de adultos que acompañen".
La educación y el acompañamiento familiar resultan determinantes para reducir la vulnerabilidad de niños, niñas y adolescentes en el entorno digital.
En esta línea, la Guía para padres sobre Nuevas Tecnologías (https://www.madrid.org/bvirtual/BVCM050546.pdf), elaborada por la Dirección General de Juventud de la Comunidad de Madrid en colaboración con la mencionada clínica, ofrece orientaciones prácticas para prevenir riesgos digitales y fomentar un uso saludable de internet en la adolescencia.
"Las familias necesitan herramientas concretas. Cuando hay información clara y comunicación abierta, la capacidad de protección aumenta considerablemente", concluye Beatriz Urra.