El 40 % de los adolescentes con tdl presenta dificultades para relacionarse con sus compañeros a los 16 años

Coincidiendo con el inicio del curso escolar, el Colegio de Logopedas del País Vasco (CLPV/ELE) ha puesto en primer plano la relevancia educativa y social del trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL), un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación, es aún muy desconocido y, sin embargo, tiene una prevalencia estimada en torno al 7,5 % de la población infantil angloparlante, según estudios internacionales, por encima de otros trastornos como pueden ser el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la dislexia o los trastornos del espectro autista. A día de hoy no existen datos epidemiológicos equivalentes en el ámbito hispanohablante o en las lenguas españolas cooficiales, lo que dificulta dimensionar el alcance del problema en el entorno próximo.

Madalen Zabala, profesional de la Junta de Gobierno del Colegio de Logopedas del País Vasco, especializada en lenguaje y educación, advierte de que "el TDL se manifiesta en dificultades severas y persistentes en la adquisición y desarrollo del lenguaje oral, de comprensión y expresión, y que repercuten en el desarrollo social y escolar, así como en la vida diaria de los niños y niñas".

En este inicio de curso, el Colegio hace un llamamiento a las administraciones, a la comunidad educativa y a las familias para trabajar de forma coordinada en la detección y atención del TDL. "Necesitamos más investigación, más visibilización y más recursos para garantizar que ningún niño o niña con trastorno del desarrollo del lenguaje quede sin ser diagnosticado y tratado", subraya Zabala.

Un trastorno invisible con graves consecuencias académicas y sociales

El TDL no es consecuencia de ninguna otra discapacidad o afectación, pero tiene un impacto directo en el aprendizaje. "Cuando no se detecta a tiempo, el alumnado con TDL puede tener graves consecuencias en su futuro académico, especialmente en la comprensión lectora y en la escritura, con un alto riesgo de fracaso escolar", explica Zabala. De hecho, un estudio citado por la experta apunta a que el 40 % de los adolescentes con TDL presenta dificultades para relacionarse con sus compañeros a los 16 años.

El carácter invisible del trastorno dificulta su detección precoz, ya que las señales de alerta no siempre son evidentes. Entre los indicadores tempranos se encuentran un vocabulario inferior a 50 palabras a los dos años, problemas de comprensión o de expresión, dificultades en la adquisición de la lectura y la escritura, o la presencia de problemas emocionales y sociales. "A menudo, el TDL se manifiesta de manera más clara en la etapa escolar, cuando las exigencias comunicativas aumentan y el niño o niña no logra responder a ellas".

Factores de riesgo y necesidad de abordaje multidisciplinar

Entre los factores de riesgo se incluyen los antecedentes familiares de dificultades en el lenguaje, el inicio tardío del habla, un entorno socioeconómico desfavorecido o un bajo nivel educativo de los progenitores. La detección y el abordaje del TDL requieren una valoración multidisciplinar que implique a orientadores, pediatras, psicólogos y logopedas, siendo estos últimos quienes confirman el diagnóstico.

"Hablamos de un trastorno que exige una intervención intensiva, sistemática y prolongada, así como la adaptación y el soporte específico en el ámbito escolar y familiar", recuerda Zabala.

Problemas en la escuela

El alumnado con trastorno de desarrollo del lenguaje en el ámbito escolar tiene dificultades para escuchar y trabajar al mismo tiempo, además, no puede seguir explicaciones largas y complejas, por lo que su atención puede decaer. "El maestro ha de confirmar que el menor ha entendido la información antes de darle cualquier instrucción o tarea".

Además de lo anterior, el alumnado con trastorno de desarrollo del lenguaje en la escuela presenta complicaciones para aprender nuevas palabras y conceptos, y para recordar algunas palabras cuando las quiere usar. "Los problemas en la expresión y comprensión dificultan a los menores que los sufren la interacción con el resto de personas de su entorno, lo que puede generar aislamiento y desestimar el relato de vivencias relevantes a sus padres".

Estereotipos de género: un obstáculo añadido

La detección del TDL también se ve condicionada por los estereotipos de género. Durante años se creyó que el trastorno afectaba más a niños que a niñas, pero las investigaciones recientes muestran cifras similares en ambos sexos. Sin embargo, su manifestación es diferente. "Los niños con TDL tienen una probabilidad más alta de exteriorizar su malestar a través de problemas de conducta, lo que atrae antes la atención de su entorno. En cambio, muchas niñas tienden a inhibirse, a esconder sus dificultades por vergüenza o miedo a expresarse, y eso provoca que en demasiadas ocasiones no sean evaluadas ni diagnosticadas".

El Colegio considera fundamental incorporar herramientas de detección que permitan una evaluación igualitaria entre niños y niñas. "Los estereotipos están jugando un papel desigual y debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad a la hora de detectar y evaluar", subraya la experta.

Reivindicaciones del Colegio de Logopedas del País Vasco

El Colegio recuerda que la atención logopédica sigue siendo muy limitada en el sistema público. En educación, la presencia de logopedas es prácticamente anecdótica y, según apunta la experta, "se ha de complementar el trabajo educativo que se realiza en la escuela con la práctica logopédica, ya que hay unas necesidades reales que precisan nuestra intervención". Por otro lado, en el ámbito sanitario, "la logopedia no está reconocida como prestación básica de atención primaria en la mayoría de comunidades autónomas".

"Reclamamos la cobertura pública, accesible y gratuita de la atención logopédica, así como la incorporación de logopedas en la red de atención primaria y en los equipos educativos". La especialista también destaca la necesidad de impulsar la investigación en población hispanohablante y en lenguas cooficiales, para disponer de herramientas diagnósticas y terapéuticas ajustadas a la realidad lingüística de todas las comunidades autónomas.

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