En la sexualidad existen tres fines posibles: la reproducción, el placer y la comunicación. Para llegar a alcanzar estos objetivos se utiliza como medio el cuerpo, las personas con sus sensaciones y los códigos o lenguajes.
Sin embargo, para la mayoría de las personas, donde no hay genitales no puede haber sexualidad. Además, aunque muchas veces no se desea la reproducción durante las relaciones sexuales, e incluso se teme, su placer está asociado subconscientemente a repetir las condiciones reproductivas. En lo biológico, por lo tanto, también se discrimina, también se asignan valores distintos a las diferentes zonas del cuerpo: se prioriza y sobrevalora lo genital. Para que la comunicación sea positiva y el placer se haga presente, deben funcionar los genitales, debe producirse la eyaculación asociada, como se sabe, al orgasmo en el varón, el acto más importante en la relación sexual desde el punto de vista tradicional. Y si ésta eyaculación se realiza en una vagina, es mejor.
Si los niveles biológico, psicológico y social de una persona están unidos estrecha e indisolublemente vinculados, el cuerpo de un individuo está vinculado a sus sensaciones y a sus propios códigos.
En cuanto a los fines, como todo propósito, pueden alcanzarse o no, según múltiples factores. Para que se puedan dar los objetivos de la sexualidad en la o las personas que intervienen en el hecho sexual, al margen de su género, deberán darse dos condiciones previas: en primer lugar, que él o los implicados en el acto quieran. En segundo lugar tendrán que poder. No es suficiente con querer, si no se puede; no es suficiente poder, si no se quiere. Así, dos varones no podrán, aunque quieran, reproducirse; sin embargo si es posible, si quieren y pueden, obtener placer y comunicación adecuados con y en el hecho sexual.