Las hemorroides son unas almohadillas vasculares fisiológicas situadas en el canal anal que se encargan de la continencia rectal. La inflamación de estas venas, especialmente las internas, que son las que más síntomas dan, es la responsable de la enfermedad hemorroidal, una dolencia que sufre hasta un tercio de la población y cuya incidencia, mayor en hombres, se dispara entre los 45 y los 65 años.
"La vida sedentaria y la falta de hidratación y de fibra en la dieta generan estreñimiento, que combinado con los cambios propios la edad (aumento de la presión abdominal y deterioro de los elementos fibrovasculares) produce un descolgamiento y erosión de las hemorroides", explica la doctora Silvia Busó, radióloga intervencionista en el Hospital General Universitario de Valencia y miembro de la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI), que señala que también existen factores hereditarios y situaciones especiales como el embarazo que pueden incrementar el riesgo de sufrir enfermedad hemorroidal.
Entre los síntomas más habituales de la enfermedad hemorroidal se encuentran el prolapso, el picor, el ardor, el malestar y, sobre todo, el sangrado a través del ano, que se caracteriza por ser rojo brillante y que puede llegar a ser muy abundante, manchando la taza del váter e, incluso, la ropa interior. "El sangrado hemorroidal puede afectar a la calidad de vida, limitando las actividades diarias de quienes lo padecen. En los casos más graves puede llegar a generar anemia, con necesidad de transfusión si el sangrado es muy abundante y frecuente", señala la doctora Busó.
El tratamiento de primera elección para las hemorroides pasa por un cambio en el estilo de vida (más actividad, más hidratación, más alimento rico en fibra) y por medicamentos tópicos para aliviar los síntomas. Sin embargo, apunta la portavoz de la SERVEI, hasta un 10 % de los pacientes no responden a este tratamiento conservador y necesitan cirugía. En ese sentido, existen diferentes técnicas quirúrgicas por abordaje rectal, como la hemorroidectomía, "en la que se extirpan las hemorroides internas por completo con una gran tasa de éxito, pero con diversas complicaciones que incluyen dolor postoperatorio, sangrado y riesgo de incontinencia fecal secundaria al daño del esfínter", o tratamientos ambulatorios como la ligadura por banda, que "permiten una recuperación rápida pero con altas tasas de recurrencia".
A estos tratamientos, en los últimos años, en el caso de aquellas enfermedades hemorroidales que tienen como síntoma principal el sangrado, se ha sumado la embolización hemorroidal, un tratamiento que llevan a cabo los radiólogos vasculares e intervencionistas y que, mediante un cateterismo desde la muñeca o de la ingle, permite llegar a la arteria que lleva sangre a la hemorroide y taponarla, haciendo que ésta deje de sangrar en el momento.
"La embolización hemorroidal permite una reducción rápida y efectiva del sangrado, evitando la manipulación rectal y sin necesidad de anestesia general, por lo que es un tratamiento que también puede realizarse en pacientes con contraindicaciones para cirugía o anestesia", apunta Silvia Busó, que destaca también que apenas es necesaria la realización de una incisión inferior a un centímetro para el acceso vascular, lo que permite una recuperación prácticamente inmediata del paciente, al que se le puede dar el alta a las pocas horas de la intervención.
La especialista, no obstante, recuerda que la patología hemorroidal se tiene que abordar "desde un punto de vista multidisciplinar", con la coordinación de coloproctólogos y radiólogos intervencionistas para llevar a cabo la estrategia terapéutica que más puede favorecer a cada paciente. "No todas las hemorroides se tratan de la misma manera. Cada técnica es efectiva en determinados casos, pero tiene unas limitaciones. Por ejemplo, si una hemorroide tiene un gran prolapso es necesaria la cirugía para levantar ese tejido descolgado, pero cuando el síntoma principal es el sangrado y especialmente si el paciente tiene alterada la coagulación la cirugía no sería posible y la embolización sería el tratamiento más idóneo", concluye.