Según el informe ‘Las cifras del cáncer en España 2026', elaborado por SEOM y REDECAN, se estima que en 2026 se diagnosticarán en España 301.884 nuevos casos de cáncer, de los cuales 168.764 corresponderán a varones. En ellos, el cáncer de próstata será el tumor más frecuente, con 34.833 nuevos casos estimados, por delante del cáncer de pulmón, vejiga urinaria, colon y recto. Esta cifra representa aproximadamente uno de cada cinco tumores diagnosticados en varones. Pero a pesar de su elevada incidencia y prevalencia, presenta una de las supervivencias más altas entre los tumores frecuentes: la supervivencia neta a cinco años en pacientes diagnosticados entre 2013 y 2017 fue del 90,2%. En 2024, el cáncer de próstata causó 5967 fallecimientos en España. En varones, fue la segunda causa específica de muerte por tumor tras el cáncer de pulmón y colorrectal.
Diagnóstico precoz y enfermedad localizada
La mayoría de los casos de cáncer de próstata se diagnostica en estadios localizados y en ellos las tasas de curación son muy elevadas gracias a tratamientos radicales como la cirugía, la radioterapia externa o la braquiterapia, con o sin la adición de hormonoterapia. Solo alrededor del 10 % de los pacientes presenta enfermedad metastásica en el momento del diagnóstico. Sin embargo, una proporción de pacientes puede presentar recaída tras el tratamiento local y evolucionar hacia una enfermedad avanzada. En países desarrollados, se estima que un 20-30 % de los pacientes tratados con cirugía o radioterapia desarrollará metástasis a lo largo de su evolución, lo que hace necesario disponer de nuevas estrategias terapéuticas eficaces.
En este contexto, es fundamental distinguir entre distintos escenarios clínicos, ya que las implicaciones terapéuticas son diferentes: el cáncer de próstata hormonosensible metastásico, que puede presentarse de novo o tras una recaída; el cáncer de próstata resistente a la castración metastásico; y el cáncer de próstata resistente a la castración no metastásico.
Tratamiento de la enfermedad avanzada
Los objetivos del tratamiento en la enfermedad avanzada son prolongar la supervivencia, preservar la calidad de vida, retrasar la progresión de la enfermedad y prevenir complicaciones, especialmente los eventos óseos. Precisamente en estos estadios se han producido algunos de los avances terapéuticos más importantes de los últimos años.
En el cáncer de próstata hormonosensible metastásico, los tratamientos actuales incluyen combinaciones de terapia de deprivación androgénica con agentes hormonales, como abiraterona, apalutamida, enzalutamida o darolutamida, así como esquemas de intensificación con quimioterapia en determinados pacientes.
En el cáncer de próstata resistente a la castración metastásico, las opciones incluyen quimioterapia, nuevos agentes hormonales, inhibidores de PARP en pacientes seleccionados por biomarcadores, radiofármacos dirigidos al hueso como radio-223 y terapias dirigidas a PSMA, como ¹⁷⁷Lu-PSMA-617.
Estos avances han permitido prolongar de forma muy significativa la supervivencia de los pacientes con cáncer de próstata avanzado. En la era inicial de la quimioterapia con docetaxel, la mediana de supervivencia global en pacientes con cáncer de próstata metastásico resistente a la castración se situaba en torno a los 18-19 meses. En la actualidad, gracias a la incorporación secuencial o combinada de nuevos agentes hormonales, quimioterapia, inhibidores de PARP y radiofármacos, algunas poblaciones seleccionadas pueden alcanzar o superar medianas de supervivencia de 40 meses.
Medicina de precisión: biomarcadores e inhibidores de PARP
Uno de los avances más relevantes ha sido la consolidación de la Medicina de Precisión. Entre un 20 % y un 30 % de los pacientes con cáncer de próstata metastásico pueden presentar alteraciones en genes implicados en la reparación del ADN, especialmente en la vía de recombinación homóloga. Entre ellas, las alteraciones en BRCA2 son las más frecuentes y se asocian a una mayor sensibilidad a los inhibidores de PARP.
Los inhibidores de PARP han demostrado eficacia en cáncer de próstata resistente a la castración metastásico, tanto en monoterapia como en combinación con agentes hormonales, con un beneficio especialmente relevante en pacientes con alteraciones BRCA1/2.
Durante el último año, además, se ha reforzado la posibilidad de trasladar esta estrategia a fases más precoces de la enfermedad. El estudio AMPLITUDE mostró que niraparib en combinación con abiraterona y prednisona, añadido a la terapia de deprivación androgénica, mejora la supervivencia libre de progresión radiológica en pacientes con cáncer de próstata metastásico hormonosensible y alteraciones en genes de reparación del ADN, con un beneficio especialmente marcado en pacientes con alteraciones BRCA. Asimismo, el estudio TALAPRO-3, comunicado en ASCO 2026, ha mostrado que talazoparib más enzalutamida y terapia de deprivación androgénica mejora de forma significativa la supervivencia libre de progresión radiológica en pacientes con cáncer de próstata metastásico hormonosensible y alteraciones en genes de reparación por recombinación homóloga.
Terapias dirigidas a PSMA y radiofármacos
Otro de los grandes avances de los últimos años ha sido la incorporación de la terapia con radioligandos dirigida a PSMA. El radiofármaco Lu-PSMA-617 ha consolidado su papel en pacientes con cáncer de próstata resistente a la castración metastásico PSMA-positivo previamente tratados, tras demostrar beneficio en supervivencia global y supervivencia libre de progresión radiológica en el estudio VISION.
Además, los datos recientes del estudio PSMAddition, sugieren que la terapia con Lu-PSMA-617 podría tener un papel en fases más tempranas, en combinación con terapia de deprivación androgénica y un inhibidor de la vía del receptor androgénico en pacientes con cáncer de próstata metastásico hormonosensible PSMA-positivo. El estudio mostró una mejora en la supervivencia libre de progresión radiológica, aunque la supervivencia global todavía no es concluyente.
También en enfermedad avanzada, el estudio PEACE-3 ha mostrado que la combinación de enzalutamida y radio-223 mejora la supervivencia en pacientes con cáncer de próstata resistente a la castración metastásico con metástasis óseas.
Diagnóstico más preciso, intensificación terapéutica y retos actuales
En paralelo al desarrollo de nuevos tratamientos, el diagnóstico y la estratificación de la enfermedad también han mejorado de forma significativa. El PET-PSMA, se ha incorporado progresivamente a la práctica clínica como una herramienta de gran utilidad en la estadificación inicial de pacientes de alto riesgo y en la recaída bioquímica, por su mayor sensibilidad para detectar enfermedad ganglionar o metastásica. Junto con el estudio molecular, esta herramienta contribuye a una caracterización más precisa de la enfermedad y a una mejor selección terapéutica.
En enfermedad localizada de alto riesgo también se han comunicado datos relevantes. El estudio PROTEUS, presentado en ASCO 2026, evaluó la administración perioperatoria de apalutamida más terapia de deprivación androgénica antes y después de la prostatectomía radical en pacientes con cáncer de próstata localizado o localmente avanzado de alto riesgo.
En paralelo, la identificación de nuevas alteraciones moleculares está abriendo estrategias terapéuticas más allá de los genes de reparación del ADN. En pacientes con cáncer de próstata metastásico hormonosensible de novo y pérdida de PTEN, el estudio CAPItello-281 ha evaluado la combinación de capivasertib, abiraterona y terapia de deprivación androgénica, frente al tratamiento estandar, demostrando una mejora de la supervivencia libre de progresión radiológica en esta población molecularmente seleccionada.
En la actualidad, uno de los principales desafíos consiste en definir la secuencia óptima de tratamientos para obtener el máximo beneficio en cada paciente. La creciente disponibilidad de biomarcadores, como alteraciones en genes de reparación del ADN, expresión de PSMA o pérdida de PTEN, está permitiendo avanzar hacia un abordaje más personalizado, en el que las decisiones terapéuticas se adapten a las características clínicas y moleculares del tumor.
Todos estos avances han sido posibles gracias a la realización de ensayos clínicos en múltiples centros de todo el mundo y a la generosa participación de los pacientes en ellos. En muchos de estos estudios ha habido una participación significativa de centros españoles. Por ello, SEOM recuerda que la participación en ensayos clínicos sigue siendo, siempre que sea posible, una opción fundamental para seguir mejorando la eficacia y seguridad de los tratamientos.