La finalización del periodo vacacional conlleva la necesidad de readaptación a las obligaciones laborales y a un estilo de vida más agitado que hace que se experimenten cambios mentales, emocionales y cognitivos que pueden llegar a dar paso al llamado estrés posvacacional. Se estima que en España sufren de estrés posvacacional alrededor del 35% de los trabajadores de entre 25 y 40 años, aunque este porcentaje puede ser mayor entre aquellos cuya actividad sea muy intensa, principalmente entre las personas que residen en entornos urbanos, y entre aquellos que están descontentos con el trabajo.
Existen diversos estudios que muestran la incidencia del estrés en el origen o en el empeoramiento de ciertas enfermedades neurológicas como las cefaleas, la epilepsia o los trastornos del sueño. Según indica el Dr. Carlos Tejero Juste, de la Sociedad Española de Neurología (SEN), "aunque el estrés posvacacional se relaciona más con aspectos emocionales, que generalmente no suelen prolongarse más de 15 días, no hay que olvidar que el cerebro también sufre, por lo que es importante llevar a cabo medidas para prevenirlo".
Las emociones asociadas al estrés (preocupación, ansiedad, cansancio, excitación, etc.) producen un aumento de la tensión muscular que puede generar cefaleas tensionales o desencadenar crisis de migraña. La cefalea tensional es el tipo de cefalea más frecuente, aproximadamente supone el 90% de los casos de dolor de cabeza, y el estrés es el principal factor desencadenante.
Los trastornos del sueño a causa del estrés afectan a cada vez más número de personas. Las alteraciones del sueño afectan a un 30% de la población, siendo el insomnio y la hipersomnia, los trastornos más habituales entre la población adulta. Se estima que un 15,5% de la población sufre hipersomnia por estrés, entre las que se incluyen personas con apneas del sueño o narcolepsia que ven incrementadas sus alteraciones en esta época. Aunque en menor medida, la tensión emocional también puede facilitar la aparición de las crisis de epilepsia. Además, el estrés es un factor de riesgo de los accidentes cerebrovasculares.
Desde la SEN recomiendan, entre otras medidas, tratar de regular los horarios antes de la incorporación a la actividad laboral, dormir más horas de lo habitual durante los primeros días de trabajo, planificar nuevos periodos de descanso a lo largo del año aunque sean breves, retomar la actividad de forma paulatina planificando las tareas y mantener una actitud positiva.