Día internacional contra el acoso escolar: una reflexión urgente sobre sus efectos en adolescentes y jóvenes

Los cambios repentinos en el humor, la alimentación o la forma de relacionarse pueden ser señales de que algo no va bien.

Con motivo del Día Internacional contra el Acoso Escolar, es urgente visibilizar una realidad que sigue afectando, en silencio, a miles de niños, niñas y adolescentes en todo el país. El acoso escolar es una forma de maltrato ya sea psicológico, verbal o físico, cuyas características son la intencionalidad, la reiteración en el tiempo y el desequilibrio de poder, entre otras. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, uno de cada diez niños y niñas en España ha experimentado acoso escolar de forma repetida en los últimos meses.

Javier Urra, director clínico de Recurra Ginso y experto en salud mental infantojuvenil, alerta sobre la realidad de estos datos: "El acoso escolar es una de las principales causas de suicidio infantil. La etapa de los 10 a 13 años es especialmente sensible, y en ese tramo de edad, niños y niñas necesitan sentirse parte de un grupo, ser aceptados y formar vínculos con sus iguales. Cuando son rechazados por motivos como su apariencia, su forma de ser, su rendimiento académico o su identidad, el daño que sufren quiebra su esperanza".

Sin embargo, el acoso no termina al salir del colegio o instituto. Según indica el Ministerio de Educación de España en el primer Estudio Estatal de la Convivencia Escolar en Educación Primaria, un 9,2 % del alumnado ha sido víctima de ciberacoso. El uso masivo de las tecnologías ha transformado la forma en que se manifiesta este fenómeno. El ciberacoso se ha convertido en una de las variantes más preocupantes por su capacidad de expandirse sin límites de espacio ni tiempo. Estas agresiones no dan descanso a la víctima: los ataques llegan a cualquier lugar y a cualquier hora. La difusión de imágenes, por ejemplo, puede viralizarse rápidamente, lo que hace prácticamente imposible su control.

Una de las particularidades que debemos tener en cuenta es la huella digital que deja el ciberacoso. La identidad se ve afectada no solo por lo que se publica, sino también por la cantidad de reacciones que genera. Esta exposición ocurre en un momento clave del desarrollo emocional y social de la víctima, dañando profundamente su autoestima y condicionando su capacidad para construir relaciones saludables en el futuro.

La sensación de abandono se agrava cuando las personas adultas del entorno, como padres y profesores, no detectan esta situación o no intervienen a tiempo. Muchas víctimas de acoso no piden ayuda porque temen represalias, sienten vergüenza o creen que nadie podrá protegerlas.

Frente a este escenario, resulta fundamental que los centros escolares asuman su responsabilidad, advierte el doctor Urra: "El acoso escolar es, ante todo, un problema de la escuela. El personal docente debe ejercer un liderazgo claro y ser capaz de observar qué sucede en el aula, de intervenir y establecer límites firmes. Es esencial frenar la influencia del ‘líder negativo', ese alumno o alumna que dinamita la convivencia y somete a sus compañeros con impunidad. La autoridad educativa no puede ser neutral. Debe proteger a la víctima y marcar consecuencias claras al agresor".

Asimismo, los equipos directivos y las inspecciones educativas son clave para garantizar respuestas eficaces. "No puede seguir ocurriendo que el menor acosado sea quien acabe cambiando de centro educativo, dejando atrás a sus compañeros, profesores y rutina. Esto no solo no resuelve el problema, sino que amplifica el sufrimiento de quien ya ha sido vulnerado. Es el agresor quien debe asumir las consecuencias, no la víctima", concluye el experto.

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