Hay hábitos de verano que se repiten año tras año: cambiar de bañador mojado cuando ya estás en casa, hidratar la zona genital externa con lo que tengas a mano, aguantar las ganas de ir al baño porque en la playa da pereza... Ninguno parece especialmente grave. Pero la suma de todos ellos, durante días, tiene consecuencias reales sobre la salud de la zona genital que muchas mujeres no asocian con esos gestos cotidianos.
Según Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris, el verano concentra una combinación de factores como el calor, humedad, cambios en la rutina y mayor actividad sexual, que hace que se altere el equilibrio natural de la zona genital de las mujeres. También de los hombres, pero a ellos a veces les cuesta más consultar estas problemáticas. "El problema no es solo el verano en sí, sino los pequeños hábitos sostenidos que no cuidan esta zona. Se normalizan molestias que tienen solución y se cometen ciertos errores que pueden agravar el problema".
Santamaria repasa los cinco errores más frecuentes del verano y las claves para mejorarlos y disfrutar de una temporada más saludable con relación a la salud genital femenina.
1. Tratar la vulva y la vagina como si fueran la misma zona
Es uno de los errores más extendidos, y no es baladí: la vulva es la zona externa que está en contacto directo con el bañador y la ropa interior, sometida a mayor humedad y al calor, mientras que la vagina es el canal interno.
Aplicar productos formulados para una zona en la otra, por ejemplo, usar en el interior vaginal un hidratante pensado para la vulva, o al revés, puede alterar la microbiota y provocar exactamente lo contrario de lo que se busca. En verano, cuando las molestias vulvares externas (irritación, sequedad, picor) son más frecuentes, distinguir bien qué zona se está tratando es el primer paso para no empeorar el problema.
2. Pensar que el lubricante "ya hidrata", y no cuidar la piel y mucosa vulvar el resto del tiempo
Algunas mujeres asumen que si usa lubricante en las relaciones sexuales no necesita hidratar la piel vulvar en el día a día. Pero son dos productos con funciones muy distintas. El lubricante reduce la fricción durante el sexo y actúa exclusivamente en este contexto; no repone la humedad de la piel ni corrige la sequedad a medio plazo. El hidratante para zona vulvar, en cambio, actúa sobre la mucosa de la vulva de forma sostenida, y es el que realmente previene la sequedad, la irritación y las molestias asociadas.
En este contexto, Mar Santamaria señala que la sequedad vulvar no es exclusiva del verano (el posparto, la menopausia o ciertos medicamentos también la generan), pero el calor, la sal y el cloro la intensifican. "Muchas mujeres no saben que existe un hidratante específico para la zona vulvar, distinto del lubricante y del gel íntimo de higiene. Y esa falta de información provoca que no se cuide esa zona o se usen productos inadecuados".
3. No prevenir la cistitis poscoital, pensando que "ya se pasará"
La cistitis poscoital afecta a una de cada dos mujeres sexualmente activas en algún momento de su vida, y en verano el riesgo aumenta debido a una mayor actividad sexual, menor hidratación general y las condiciones climáticas más extremas de calor y deshidratación.
Según las prácticas sexuales, la fricción durante las relaciones sexuales también tiene un papel importante en el riesgo, porque puede generar microheridas que facilitan la entrada de bacterias. En este aspecto, una buena lubricación más allá de confort también es prevención.
Otros gestos simples y con frecuencia olvidados que ayudan en la prevención de la cistitis poscoital son orinar antes y después de las relaciones y, en caso de molestias frecuentes, optar por seguir hábitos alimenticios de prevención, como la suplementación con arándano rojo. Este extracto vegetal contiene proantocianidinas (PACs), que son unas sustancias naturales que dificultan la adhesión de las bacterias en las vías urinarias. Su uso no sustituye la valoración médica si los síntomas ya han aparecido.
4. Usar el salvaslip todos los días en verano
El uso de salvaslips a diario durante la temporada estival se ha extendido con el convencimiento de que sirve para proteger la ropa interior y al mismo tiempo cuidar la higiene. Sin embargo, aunque su uso puntual puede ser práctico, hacer un uso sistemático de este producto puede ser contraproducente para la salud genital externa: retienen la humedad, aumentan la temperatura en la zona vulvar y generan fricción continua, creando un entorno que favorece la irritación y la alteración de la microbiota normal.
"En verano, el cuidado de la zona genital es especialmente importante, tanto en hombres como en mujeres. El calor ya de por sí eleva la temperatura en esa zona y añadir una capa más que retiene la humedad es lo contrario de lo que necesita la piel de la vulva, especialmente", apunta Santamaria. La alternativa más sencilla es priorizar ropa interior de algodón transpirable y reservar el salvaslip para cuando realmente sea necesario.
5. Lavarse varias veces al día pensando que así se está más protegida
Ante el calor, el sudor y la playa, el instinto es lavarse más. Pero es justo lo contrario de lo que la zona genital necesita: tiene un ecosistema propio (la microbiota vaginal y vulvar) que se mantiene en equilibrio con una higiene respetuosa y puntual. Lavados frecuentes, esponjas, jabones de pH inadecuado o duchas vaginales internas rompen ese equilibrio y dejan la zona más expuesta, no más protegida.
La recomendación es lavarse una vez al día con un gel íntimo de pH adecuado, siempre de delante hacia atrás y nunca en el interior de la vagina. "El exceso de higiene genital es uno de los errores más frecuentes y menos reconocidos. La vagina tiene mecanismos de autolimpieza. Lo que necesita es que respetemos estos procesos naturales, ni más, ni menos", concluye la experta.
En definitiva, el verano no es una amenaza para la salud de la zona genital, pero sí un momento en que los pequeños hábitos poco correctos se acumulan y sus consecuencias se hacen más visibles. Conocer cómo funciona realmente esa zona del cuerpo; saber qué productos utilizar, adaptar una higiene adecuada, y prestar atención a las señales del cuerpo es la diferencia entre pasar el verano con molestias asumidas como normales o con una rutina de cuidado genital que realmente funciona.