La esclerosis múltiple es tres veces más frecuente en la mujer que en el hombre. El embarazo en una mujer con esclerosis múltiple puede entrañar una serie de interrogantes, que es necesario resolver. La influencia del embarazo sobre la evolución de la enfermedad y la influencia de la dolencia sobre la gestación ha empujado a los médicos a investigar sobre este tema.
La fertilidad de estas enfermas no está comprometida y tienen plenas posibilidades de conseguir un embarazo y de llevarlo a buen término. La enfermedad no se considera hereditaria pero, ante una futura gestación, es necesario tener en cuenta que los familiares de una persona con esclerosis múltiple tienen un riesgo mayor de sufrir esta enfermedad; por así decirlo, no se hereda la enfermedad sino una mayor tendencia a sufrirla. Por otra parte, la esclerosis múltiple no aumenta la frecuencia de abortos o de nacimientos de fetos muertos y tampoco se han evidenciado un aumento de las malformaciones fetales en estas gestaciones.
Los estudios epidemiológicos realizados sobre esclerosis múltiple durante el embarazo han demostrado que la mujer está relativamente protegida de las recaídas durante la gestación. De hecho, las recaídas de la enfermedad se reducen estadísticamente en alrededor de un 50 % durante el embarazo. Sin embargo, el riesgo de los brotes aumenta durante el periodo de los seis meses posteriores al parto, aunque estas recaídas tras el parto no parecen empeorar la enfermedad a largo plazo en comparación con las mujeres que no han tenido hijos.
El parto de las mujeres con esclerosis múltiple es completamente normal. Puede ser por vía vaginal y con anestesia epidural, si bien, en algunos casos donde exista gran espasticidad en las extremidades inferiores o ante alteraciones graves de la sensibilidad, que puedan impedir un parto vaginal, se puede recurrir a la cesárea. La lactancia no está contraindicada en la mujer que sufre esclerosis múltiple.