Dermatitis atópica - De interés - Preguntas frecuentes

No, la dermatitis atópica no es en absoluto contagiosa. Los niños afectados de dermatitis atópica han de continuar con su vida normalmente.

Si no hay objeción médica, el niño puede nadar, aunque el cloro y la sal pueden irritar la piel, por lo que se recomienda después del baño aclarar bien la piel, secar sin frotar y aplicar una crema hidratante en todo el cuerpo.

Es preferible un ambiente no excesivamente caluroso para evitar la sudoración. También se deben evitar la sequedad o la humedad excesivas. Estas condiciones son importantes en la habitación del niño. La baja humedad en los meses de invierno y el uso de calefacciones incrementan la xerosis y el prurito, causando alteraciones en el sueño nocturno. Pueden ser útiles los humidificadores, aunque pueden aumentar la exposición y la colonización por hongos.

La función barrera de la piel se encuentra alterada en los niños atópicos, lo que da lugar a una piel áspera, seca, rugosa y pruriginosa. Por ello, los emolientes son tratamiento de primera línea y de mantenimiento. Se recomienda su uso frecuente, al menos, dos veces al día y en los primeros minutos tras el baño. Se debe tener en cuenta que el uso de emolientes puede ser perjudicial o empeorar la dermatitis si se aplican durante el brote, sobre todo si predominan las lesiones agudas. Son recomendables entre brotes y siempre que predomine la xerosis.

La ropa protege la piel de las posibles irritaciones y del rascado. Se recomienda el uso de prendas ligeras de algodón y evitar la lana y las fibras sintéticas, así como las texturas rugosas, ásperas y las prendas oclusivas que favorezcan la sudoración, lo que supone un factor irritante habitual.

Sí, sólo se ha de evitar la vacunación con la llamada "triple vírica" convencional (sarampión, parotiditis y rubéola), pero existe una preparación alternativa (sin huevo), por lo que no hay que alterar dicho calendario.Sí, sólo se ha de evitar la vacunación con la llamada "triple vírica" convencional (sarampión, parotiditis y rubéola), pero existe una preparación alternativa (sin huevo), por lo que no hay que alterar dicho calendario.

La posibilidad de reacción cruzada entre las leches de vaca, oveja y cabra es elevada y se debe evitar su consumo. Las alternativas a la alergia a las proteínas de la leche de vaca son las fórmulas preparadas a partir de soja y fórmulas a base de hidrolizados totales de proteínas.

Los de primera generación, como hidroxicina o desclorfeniramina, que atraviesan la barrera hematoencefálica y tienen un mayor efecto sobre el sistema nervioso central, siendo mucho más sedativos y, por tanto, se deben tomar precauciones a la hora de hacer actividades peligrosas, como conducir. Los de segunda generación, como ebastina, cetirizina y loratadina, tienen un menor efecto sobre el sistema nervioso central, aunque en un porcentaje reducido de pacientes siguen produciendo somnolencia y hay que seleccionar cuál es el mejor tolerado o buscar alternativas a los antihistamínicos.

La IgE es un tipo de anticuerpo o inmunoglobulina presente únicamente en mamíferos e implicado en la alergia (especialmente en la respuesta inmune tipo I de hipersensibilidad) y en la respuesta inmune contra diversos agentes patógenos, especialmente parásitos. Sus niveles suelen estar elevados en pacientes alérgicos pero también en personas con otras patologías: infecciones por parásitos, inmunodeficiencias, enfermedades reumatológicas, patología tumoral (enfermedad de Hodgkin, leucemia mieloide crónica, leucemia linfoblástica aguda)...; Incluso pueden existir niveles elevados en personas sanas. La IgE es un tipo de anticuerpo o inmunoglobulina presente únicamente en mamíferos e implicado en la alergia (especialmente en la respuesta inmune tipo I de hipersensibilidad) y en la respuesta inmune contra diversos agentes patógenos, especialmente parásitos. Sus niveles suelen estar elevados en pacientes alérgicos pero también en personas con otras patologías: infecciones por parásitos, inmunodeficiencias, enfermedades reumatológicas, patología tumoral (enfermedad de Hodgkin, leucemia mieloide crónica, leucemia linfoblástica aguda)...; Incluso pueden existir niveles elevados en personas sanas.

La respuesta inmune en la que se implica la IgE juega un papel importante en la patogenia de la dermatitis atópica, así como en otras enfermedades alérgicas. La síntesis en exceso de IgE en los pacientes atópicos es debida a una respuesta inmune genéticamente determinada en respuesta a agentes ambientales inocuos para otros individuos. Aproximadamente un 80% de los pacientes con dermatitis atópica tienen niveles séricos elevados de IgE, que suelen ser proporcionales a la extensión y severidad de la enfermedad. Los niveles normales de IgE no descartan el diagnóstico de dermatitis atópica.

También se denomina dishidrosis o pónfolix, del griego pompholyx, que significa ampolla, que hace referencia a las formas más agudas de este eccema en las que pueden verse ampollas. Se trata de una forma de eccema que afecta de forma simétrica a palmas, plantas y caras laterales de los dedos en las que se pueden ver pequeñas vesículas y ampollas que evolucionan a lesiones eritematodescamativas y en ocasiones fisuras. Su causa es desconocida y tiene una evolución en brotes de duración variable, desde días a semanas. Suele ser más frecuente en la edad puberal y adulta. A pesar de su nombre, no se relaciona con un exceso de sudoración.

También llamada erupción variceliforme de Kaposi. Se trata de una infección aguda diseminada por el virus del herpes simple que se presenta como una complicación infecciosa en pacientes con dermatitis atópica. Es más frecuente es los tres primeros años de vida y suele existir un antecedente de herpes simple labial en un familiar.

Las lesiones eccematosas sufren un claro empeoramiento de forma aguda y aparecen vesículas y pústulas que se umbilican y forman costras en su evolución (similares a las lesiones de varicela) que se diseminan por zonas amplias del tegumento. Estas lesiones aparecen en brotes y pueden verse en distintas fases como en la varicela. En el 75% de los casos la infección se acompaña de fiebre, malestar general, vómitos, diarreas, falta de apetito, etc.

El niño debe ser valorado por el especialista para recibir tratamiento sistémico adecuado.

Es difícil de precisar, pero en la Conferencia de Consenso Francesa se ha establecido que debe hacerse en los siguientes casos:

  • Ante una dermatitis atópica grave.
  • Cuando la dermatitis atópica se acompañe de un retraso o estancamiento del desarrollo estatoponderal.
  • Cuando existan signos de alergia alimentaria tras la ingestión o contacto con un alimento: manifestaciones tipo urticaria, angioedema, respiratorias como asma o rinitis, digestivas como vómitos, diarrea o incluso shock anafiláctico.
  • Situaciones discutibles: manifestaciones digestivas leves en un recién nacido, antecedentes familiares de atopia grave o aparición de la clínica cutánea de forma precoz (antes de los tres meses).

El SCORAD (SCORing Atopic Dermatitis) o sistema de puntuación para la dermatitis atópica se trata de una herramienta para evaluar la gravedad clínica de la dermatitis atópica. Tiene en cuenta tanto la extensión de las lesiones (en cuatro segmentos: cabeza y cuello, tronco, extremidades superiores y extremidades inferiores) como su intensidad (enrojecimiento, edema, costras, rascado, sequedad...). Además, también se valoran síntomas subjetivos como el picor y la pérdida de sueño que se asocian a la enfermedad.

Es una enfermedad crónica de la piel que suele desencadenarse en brotes y cuyo principal síntoma es el picor, tan intenso que para los pacientes es muy difícil evitar el rascado. Afecta a ambos sexos por igual. Suele asociarse, tanto en los propios pacientes como en sus familiares, a otras dos enfermedades, el asma alérgico y la rinoconjutivitis primaveral.

En España se estima que actualmente afecta a alrededor del 10% de la población.

No. La dermatitis atópica no se transmite por el contacto directo con las personas que la padecen.

Existe un alto componente hereditario, aunque todavía no está claro el modo exacto de transmisión. Si uno de los padres tiene dermatitis atópica, la posibilidad de que su hijo la presente es del 40%, y si son los dos progenitores los afectados, esta posibilidad se eleva al 80%.

Es una enfermedad compleja y todavía se siguen estudiando sus causas. Los pacientes de dermatitis atópica tienen una piel extremadamente sensible a estímulos externos como la sudoración, los irritantes, o algunos gérmenes. Ante estos estímulos, determinadas células que se encargan de la defensa de la piel, fundamentalmente los linfocitos, se estimulan y provocan varias respuestas.

Por una parte, hacen que se liberen sustancias que desencadenan el picor y la inflamación y, por otra, alteran la epidermis, que es la capa más superficial de la piel.

Los queratinocitos, que son las células que componen la epidermis, se renuevan más rápidamente de lo normal y las grasas de la superficie cutánea sufren un cambio que provoca la pérdida de agua a este nivel, manifestándose la intensa sequedad que presentan las personas con dermatitis atópica.

No, pero puede empeorar en situaciones de estrés o tensión emocional.

Actualmente no existe una cura definitiva para esta enfermedad. Sin embargo, los tratamientos médicos pueden controlar de forma bastante eficaz los síntomas más molestos, como el picor y el enrojecimiento de la piel.

La dermatitis atópica, como otras enfermedades crónicas de la piel, necesita una gran constancia por parte de los pacientes. El cuidado y la hidratación regular mejoran el estado de la piel y le dan un aspecto mucho más agradable. Los factores que son perjudiciales para la dermatitis atópica, a los que nos hemos referido previamente, han de ser evitados en la medida de lo posible para lograr un mejor control de la enfermedad.

No en la mayoría de los casos. Los pacientes, en general, se controlan mediante un tratamiento que se realiza de forma ambulatoria e, incluso, algunos sólo requieren medidas higiénicas y de hidratación. En algunos casos excepcionales pueden desencadenarse brotes más extensos que requieren el ingreso hospitalario de manera temporal para su control.

Los pacientes con dermatitis atópica tienen una piel muy irritable. Si en el trabajo tienen que estar en contacto con sustancias irritantes pueden presentar lesiones nuevas. En este caso el control de la enfermedad y las medidas de cuidado de la piel han de ser exquisitas. Los niños pueden desarrollar una actividad normal y los padres deben evitar la sobreprotección.

Hay que preocuparse de la enfermedad en su justa medida, ni más ni menos. Se debe consultar con un dermatólogo, que es el especialista capaz de realizar un diagnóstico y tratamiento correctos. Es importante no caer en la automedicación ni en el empleo de "fórmulas mágicas" curativas, que en muchas ocasiones pueden empeorar la enfermedad. El tratamiento y, sobre todo, el mantenimiento de los cuidados higiénicos y de hidratación necesitan una gran constancia.

Puede ayudar la unión a una asociación de afectados.

Depende de la edad. En los niños menores de 2 años suele comenzar con enrojecimiento y con pequeños granitos que a menudo exudan líquido. La lesiones se localizan, fundamentalmente, en las mejillas, aunque pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo.

Más adelante, a partir de los 2 años, la piel tiene un aspecto seco y las lesiones, que pueden agrietarse, suelen aparecer en las flexuras de brazos y piernas.

En los adolescentes suele verse afectada tanto la cara como el tronco, mientras que en los adultos las lesiones se concentran sobre todo en las manos.

Durante todas las etapas el picor es el principal síntoma de la dermatitis atópica. Al bebé le produce inquietud y dificultad para conciliar el sueño. Posteriormente, el rascado puede ser intenso y provoca lesiones en la piel, que toma un aspecto brillante.

La piel está formada por una capa externa, más fina, llamada epidermis, y otra más interna, gruesa y resistente, que es la dermis.

La epidermis.- Está formada por los queratinocitos, células que van madurando progresivamente hasta morir, momento en el que se desprenden como escamas. En la capa más externa de los queratinocitos y en los espacios libres entre unos y otros existen determinadas grasas que cumplen varias funciones.

Estas grasas son necesarias para mantener la unión entre las células, reforzar la barrera que representa la piel frente a las agresiones externas y regular la pérdida de agua que se produce a través de la epidermis.

La dermis.- Está formada por varios tipos de células, vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas. Entre las distintas células hay algunas que se encargan de la defensa de la piel frente a las agresiones y la invasión de los microorganismos. Los linfocitos son las células que dirigen los mecanismos que se producen en una reacción de defensa.

Lo más frecuente es que se inicie antes de los 2 años de vida, pero puede comenzar en la infancia, la adolescencia o, incluso, en la edad adulta.

En algunos casos, sí; aproximadamente el 10%. Determinados alimentos podrían causar el agravamiento de los síntomas que produce la dermatitis atópica, sobre todo en niños con asma. Estos alimentos deben eliminarse de la dieta para evitar agudizaciones de la dolencia, pero ello no significa la cura de la enfermedad.

Deben eliminarse aquellos alimentos que desencadenan reacciones severas de tipo inmediato. Excepto si se está bajo supervisión médica, las pruebas realizadas por los padres con ciertos alimentos deben limitarse a un único producto cada vez, por un periodo de tiempo que no exceda las 2 semanas.

Varios factores pueden resultar perjudiciales para una persona que padece dermatitis atópica y cuantos más elementos negativos se asocien, más probable será la aparición de nuevos brotes de lesiones o el empeoramiento de las ya existentes:

    · Ambiente seco.- El ambiente excesivamente seco, como el que se produce en las casas durante el invierno como consecuencia de una calefacción demasiado alta.

    · El polvo de casa.- Contiene algunos gérmenes como los ácaros, que se concentran sobre todo en los colchones.

    · La sudoración excesiva.- Suele afectar en el verano y también a los bebés demasiado abrigados.

    · Higiene.- El empleo de jabones irritantes, el exceso de lavado o la fricción pueden aumentar la sequedad cutánea.

    · La ropa.- El contacto con tejidos sintéticos o de lana puede resultar irritante para la piel de una persona con dermatitis atópica.

Sí, siempre que en los 3 minutos posteriores al mismo se aplique una crema hidratante. De esta forma se retiene mayor cantidad de agua y se mantiene la piel más suave y flexible.

Las más grasas, sobre todo las cremas y la vaselina. Las lociones y los aceites consiguen una menor hidratación.

Se considera una manifestación "menor" de la dermatitis atópica. Consiste en manchas blanquecinas que descaman levemente; generalmente no pican y se encuentran localizadas fundamentalmente en la cara; por lo general desaparecen espontáneamente, siendo conveniente una buena hidratación de las mismas.

No, la dermatitis atópica puede comenzar en cualquier momento de la vida, aun siendo más frecuente en la infancia, y no existe relación entre el momento en que se inicie y que los síntomas vayan a ser más o menos graves.

Sí; suele ser más frecuente en niños que en niñas, con un predominio de 2 niños por cada niña; es similar a lo que ocurre con otras patologías alérgicas como el asma o la rinitis.

Sí; se estima que el 20% de las consultas de Dermatología pediátrica, y el 1% de las consultas de pediatría general se corresponden con esta enfermedad.

No; el debut en esta edad es raro; generalmente se trata de una evolución desde una etapa anterior o empeoramiento de una dermatitis que se produjo en la fase del lactante. Suelen afectarse las flexuras, así como la frente, el pezón y las areolas mamarias.

Se considera que el pronóstico es bueno, en general. Con frecuencia, los niños que presentan la enfermedad, a medida que pasan los años, tienen brotes menos intensos y menos numerosos, de forma que al llegar a la adolescencia se encuentran sin manifestaciones en el 60% casos.

Sí; por ejemplo, representa el 1% de todas las consultas pediátricas en Estados Unidos. Se cree que puede existir relación entre este aumento y factores como los contaminantes ambientales y la disminución de la lactancia materna.

No, puede afectar a cualquier raza. No se observan diferencias importantes entre todas ellas.

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