La autoexploración mamaria es especialmente relevante para mujeres jóvenes que, por edad, están fuera de los programas de cribado mamográfico

La mayoría de los bultos que se detectan son lesiones benignas

Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, se estima que este año se diagnosticarán 35.000 nuevos casos de cáncer de mama en España. A pesar de que la incidencia va cada año en aumento, los datos en supervivencia son cada vez más favorables gracias a los avances en el tratamiento y en el diagnóstico precoz de esta enfermedad.

Para ese diagnóstico precoz es clave la realización de mamografías dentro de los programas de cribado; pero también tiene un papel importante la autoexploración mamaria, "sobre todo en mujeres jóvenes, que por edad están aún fuera de los programas de cribado mamográficos".

En este sentido, la doctora Patricia Cobos, ginecóloga de IMQ, en el marco de la conmemoración, cada 19 de octubre, Día Mundial de Lucha Contra el Cáncer de Mama, destaca que "cuando una mujer se detecta un bulto en el pecho, lo primero que suele pensar es que se trata de un cáncer de mama. Es una reacción lógica y es cierto que siempre debemos estar atentos a los cambios en nuestro cuerpo que nos puedan indicar que hay un problema, y acudir al especialista para realizar una valoración adecuada. Sin embargo, es importante conocer que la mayoría de las veces estos bultos no son tumores, tratándose de lesiones benignas".

La autoexploración mamaria "debe ser un procedimiento rutinario, que se lleve a cabo con cierta frecuencia, preferiblemente durante la semana posterior a la menstruación. Todas las mujeres deben realizarse la autoexploración mamaria pero, sobre todo, adquiere mayor relevancia en aquellas con antecedentes familiares de cáncer de mama o en pacientes portadoras de variantes patogénicas de los genes BRCA1 y BRCA2".

La autoexploración de las mamas "es un método de detección útil y esencial, especialmente si se combina con mamografías y exploraciones físicas regulares llevadas a cabo por especialistas". Gracias a ella, se pueden detectar signos de alarma como bultos, retracción del pezón, o cambios de la forma, tamaño o coloración de la mama.

Tipos de bultos

Especialmente en mujeres de edad fértil (aproximadamente entre los 18 y los 40 años) la aparición de bultos "es muy habitual, sobre todo, ligados al ciclo menstrual". Según declara la especialista, "lo más importante si detectamos un bulto sospechoso en la mama, es consultar con nuestro médico cuanto antes, ya que en el caso de que se tratase de un cáncer, la rápida detección es fundamental para conseguir un buen pronóstico de la enfermedad. No obstante, en la mayor parte de los casos puede que ni siquiera sea necesario su tratamiento, puesto que suelen desaparecer por sí mismos".

La ginecóloga enumera hasta ocho tipos distintos de bultos que se pueden detectar en una exploración mamaria: quistes mamarios, cambios fibroquísticos, necrosis grasa, infecciones, fibroadenomas, lipomas, papilomas intraductales y, en el peor de los casos, tumores mamarios. "Ante la detección de cualquiera de ellos, se ha de acudir al especialista".

  • Quistes mamarios. Son una de las causas más comunes de consulta. Son lesiones redondeadas, abultadas y algo dolorosas, que se forman cuando un conducto de leche se dilata y se llena de líquido. Su frecuencia aumenta a partir de los 35 años, alcanzando una incidencia máxima entre los 40 y 50 años. Se caracterizan por ser redondos, algo móviles y de paredes lisas. Están influidos por los cambios hormonales, por ello lo más habitual es que aparezcan antes de la menstruación y se hagan más pequeños o desaparezcan solos después.
  • Cambios fibroquísticos. La mastopatía fibroquística hace que la mama sea más sensible con zonas de bultos o áreas rugosas. Estos cambios están relacionados con el ciclo menstrual y tienden a mejorar después de la regla. Por lo general, no requiere tratamiento médico. Ciertas medidas, como el uso de sujetadores adecuados y ciertos nutrientes pueden ayudar a mejorar la sintomatología.
  • Necrosis grasa. Tras un traumatismo (lesión causada por un cinturón de seguridad, tras una biopsia de mama o cirugía mamaria) se produce una inflamación y fibrosis que puede causar la aparición de un bulto doloroso en la mama, que se conoce como necrosis grasa.
  • Infecciones. Son causa de dolor, enrojecimiento de la piel y aparición de un bulto en la mama. Normalmente, se dan en los periodos de lactancia, pero su aparición fuera de la misma también es posible, pudiendo complicarse con la formación de abscesos, que son bultos muy dolorosos provocados cuando se acumula el líquido infectado en el tejido mamario.
  • Fibroadenomas. Son tumores sólidos de la mama muy frecuentes, sobre todo, en adolescentes y mujeres jóvenes, aunque pueden aparecer a cualquier edad. En la mayoría de los casos se presentan como un nódulo único bien delimitado, móvil y no doloroso. Aunque hasta en el 10 o 20% de los casos pueden ser múltiples y aparecer en ambas mamas. Por lo general, se pueden controlar y se suelen extirpan en determinados casos.
  • Lipoma. Un lipoma es un bulto blando, no canceroso y que, generalmente, se puede mover. No causa dolor. Se trata de un tumor graso benigno.
  • Papilomas intraductales. Son lesiones benignas que se originan en los conductos de la mama. La clínica que dan suele ser la secreción por el pezón, en muchas ocasiones de aspecto hemorrágico (secreción con sangre). Se recomienda su extirpación y biopsia para descartar la existencia de una patología maligna.
  • Tumores mamarios. La aparición en la mama de un bulto no doloroso, duro y de contorno irregular o mal definido es un nódulo sospechoso que obliga a descartar un cáncer de mama. El cáncer de mama no suele doler; de hecho, en menos de entre el 2 y el 7% de los casos de cáncer de mama la manifestación clínica es el dolor, especialmente en etapas iniciales de la enfermedad. Además, es importante prestar atención a otros cambios visibles en la mama, como la aparición de hoyuelos, depresiones o rojeces en la piel, cambios en el tamaño o forma de la mama o la secreción de líquido por el pezón.

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Es una radiografía especial de la mama que utiliza un nivel muy bajo de radiación. Para realizarla, la mujer tiene que descubrirse el pecho; la mama se pone entre dos placas que la aplastan para obtener una imagen de buena calidad. Es una prueba un poco incómoda, breve y mínimamente dolorosa. Por lo general, se toman dos radiografías, aunque a veces son necesarias proyecciones especiales. Las mamografías pueden mostrar tumores antes de que se produzca ningún síntoma. Pueden mostrar depósitos de calcio en la mama (microcalcificaciones) que en función de sus características indicarán benignidad o malignidad.

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